En 2 Crónicas
leemos que el pueblo de Dios estaba a punto de ser
atacado por un gran grupo de enemigos. No había
esperanza humana alguna en ganar esa guerra.
Requería de un milagro, y los milagros sólo
proceden de una fuente.
Cuando estamos
frente a una batalla, buscamos cualquier ayuda que
podamos encontrar. Compramos música que nos levante
el ánimo, leemos libros escritos por autores llenos
de fe y hasta usamos indumentaria cristiana para que
el enemigo sepa de qué lado estamos (como que si ya
no lo supiera.) Pero, aún así, dejamos de hacer
una cosa que Dios realmente está esperando que sus
hijos hagan—Él quiere que inmediatamente
abandonemos todos nuestros recursos terrenales y
empecemos a esperar en sus milagros.
Algunos dicen que
los milagros no se llevan a cabo hoy en día—de
ninguna manera puedo estar de acuerdo. Todo el
tiempo suceden a nuestro alrededor, pero muchas
veces estamos sumergidos en nuestros problemas como
para ver la provisión milagrosa de Dios. Él ha
sido, es y siempre será, un Dios de milagros.
Debemos dejar de tratar de hacer que su Palabra se
materialice y en su lugar debemos permitir que Él
realice sus obras maravillosas. Debemos dejar de
PREOCUPARNOS y empezar a ADORAR porque su Palabra
claramente dice que su respuesta llega.
2 Crónicas 20 es
un buen ejemplo. Sin esperanza en lo natural, los
líderes y el pueblo pudieron haberse quedado
sentados y simplemente esperar morir—pero no lo
hicieron. Lee el capítulo. Ellos inmediatamente
comenzaron a adorar y a esperar en Dios.
Convirtieron su preocupación en adoración y casi
inmediatamente después recibieron el VERDADERO PLAN
DE BATALLA de Dios. En 2 Crónicas 20:17, les dice
que se queden quietos en sus puestos y que vean la
salvación del Señor que está con ellos. Les dice
que no tengan miedo, ni que desmayen pero que salgan
contra el enemigo porque el Señor está con ellos.
No tuvieron tiempo
de reunirse para una junta o para votar. En ese
entonces esta fue su prueba... ¿se preocuparían
mucho o adorarían a Dios de acuerdo a la promesa?
Fallamos en esto tantas veces. Dios nos promete
algo, y sólo hemos esperado un poco y ya nos
empezamos a preocupar. ¡Qué malgasto! Si Dios lo
ha declarado, Él lo cumplirá. Pero no queremos
adorar hasta no ver. Queremos ver para creer.
¡Oh pueblo de
Dios, levanta tus manos en rendición a un Dios que
es digno, ya que siempre hace eso por ti de este
lado de la eternidad! ¡Convierte tu preocupación
en adoración!
Luego ubícate—en
el lugar en el cual debes estar—y quédate firme
allí. Colócate en el lugar de la victoria y
NIÉGATE A QUITARTE DE ALLÍ. Muchas veces perdemos
la batalla porque vamos de adelante hacia atrás y
nos situamos en un lugar aquí y luego allá. No
seas de doble ánimo. Encuentra tu lugar, quédate
en tu puesto, y comienza tu tarea. Esa tarea es la
ALABANZA.
Satanás odia la
alabanza. La quiere para él, y ciertamente no
quiere que Dios la reciba. Así que dale a Dios una
doble porción de tu alabanza y sé doblemente
molesto para el enemigo.
En 2 Crónicas
20:21, se juntaron y designaron a los que irían al
frente del ejército para cantar al Señor y alabar
el esplendor de su santidad. Cuando empezaron a
alabar, Dios empezó a colocar emboscadas contra el
enemigo y los derrotó a todos. Todo lo que se
necesitó fue un plan, la voluntad de quedarse
quietos, y los cantos de alabanza sobre toda la
tierra.
No importa qué
clase de batallas tengas que enfrentar, saldrás
victorioso si CONVIERTES TU PREOCUPACIÓN EN
ADORACIÓN Y TE COLOCAS EN POSICIÓN DE ALABANZA.

Padre Dios, muchas
veces tratamos de diseñar un plan que nos libre de
las batallas que enfrentamos, pero durante todo ese
tiempo Tú estás hablando a nuestros corazones
diciéndonos que encontremos un lugar donde
quedarnos quietos y llevemos a cabo el plan que
tienes para nosotros.
Perdónanos por
todo el tiempo que perdemos en preocuparnos.
Ayúdanos a aquietar nuestros corazones y, en una
actitud de adoración, simplemente llegar a Ti. Tu
Palabra enseña que Tú nos darás un plan y que
este no fallará. Ayúdanos a ser adoradores en
lugar de "preocupadores", y eleva nuestras
alabanzas a Ti en todo tiempo.
Gracias por la
victoria que es nuestra en Cristo Jesús.
En el nombre de
Jesús,
¡Amén y amén!