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Más No Significa Mejor

"¡Tengan cuidado! --advirtió a la gente--. Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes.
Y les dijo: Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia; porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes."
Lucas 12:15

Vivimos tiempos tan decadentes. Se edifican grandes mansiones en las áreas residenciales de la clase alta y nuestras mascotas tienen hermosas casas y cómodas camas. Compramos hasta que caemos, solamente para regresar y comprar más y más. Muchos viven de día de pago en día de pago y otros, más allá de sus ingresos. Pero aun así, debemos mantenernos a la altura de los vecinos a cualquier costo, aunque eso signifique arriesgar durante el proceso, nuestra salud y nuestras relaciones. Esto ya es bastante triste y, sin embargo, no estamos totalmente satisfechos a pesar de lo que tengamos. Siempre estamos a la expectativa de algo mejor y hacemos lo imposible por obtenerlo.

Jesús tuvo cuidado en advertir a sus discípulos del peligro de la avaricia. Claramente declaró que la vida de una persona no se mide por lo que posee. Él, entre todas las personas, podía hacer esa declaración. De acuerdo con la Biblia, Él era un hombre sin ninguna fama. Pertenecía a la realeza y era dueño del mundo entero, aun así, no impresionaba a nadie. No le hacían caso o no lo notaban.

En realidad, los Evangelios lo describen como un indigente. Y los profetas nos dicen que no había en Él nada especial que admirar. Viajó de lugar en lugar haciendo el bien. Comía y bebía con pecadores y sus amigos íntimos eran unos simples pescadores que probablemente no tenían mucho más que Él.

Pero Jesús poseía algo que nosotros siempre damos por sentado. Él tenía perfecta paz. Conocía la voluntad del Padre para su vida. Poseía una pureza que le confería poder para hacer milagros, señales y maravillas. Su sabiduría superaba sus años. Poseía la satisfacción de vivir una vida bien vivida. Tenía buenos amigos y fieles seguidores. Esas son cosas que tendemos a dar por sentado.

Cuando medimos nuestro valor o el valor de los demás por lo que poseemos, estamos muy equivocados. Juzgamos por lo que vemos y como resultado no nos damos cuenta de los asuntos del corazón. Algunos tienen más que otros... y otros más facturas que algunos.

Jesús habló en más de una ocasión al respecto. Decía que debíamos acumular para sí tesoros en el cielo, y en donde está tu tesoro allí estará también tu corazón. Si tan sólo comprendiéramos ese concepto y lo pusiéramos en práctica en nuestra preciada vida.

Hay muchas personas que poseen demasiado; sin embargo, mueren solos y miserables. Esto les sucede porque el dinero se convierte en su dios y en sus vidas no hay lugar para Jesús. Otros que sí tienen a Jesús en sus corazones, tienen la falsa idea que cuanto más los ama Dios, más tienen. Así, al revés de esto, nosotros como creyentes muchas veces miramos con desprecio a una persona que tiene menos y creemos que algún pecado o desgracia los despojó de toda la riqueza que Dios tenía para ellos.

De acuerdo con la Biblia, servimos a un Dios imparcial. Él bendice al justo y al injusto. Para los que le buscan las recompensas no son materiales, sino espirituales. Las recompensas parecerán de poco valor para otros, y talvez no nos hagan populares con las masas, pero a pesar de todo estas recompensas son invaluables.

No cometas el error de basar tu valor o el valor de otra persona por tu salario, por el tamaño de tu casa, por el número de automóviles que poseas o cuántos diamantes te pongas. Todas esas cosas necesitan cuidado y tiempo, pero de todos modos eventualmente dejarán de ser, se arruinarán o perderán su valor ante los ojos del hombre.

Basa tu valor en el hecho que eres un hijo de Dios. Eres heredero del reino. Aprecia el valor de tener paz, gozo, amor y todos los otros regalos del Espíritu. Talvez decidas sacar algunas cosas de tu vida para dar más lugar a Jesús. Si lo haces, no te decepcionarás, ni te despreciarán. Dios quiere a las personas que tienen cosas pero que no permiten que las cosas las posean. ¿Serás tú una de esas personas?

Oración:

Padre celestial, venimos a ti ahora mismo en el nombre de tu precioso Hijo y te pedimos que tu Espíritu mantenga viva en nosotros esta simple verdad de "más no es mejor" a menos que sea MÁS DE TI. Nosotros mismos nos hemos fabricado muchos ídolos en nuestras vidas y casi siempre nos inclinamos ante ellos sin darnos cuenta y sin notar cómo esto entristece tu corazón. Padre, permite que tengamos convicción. Ni siquiera nos damos cuenta cuánto permitimos que los valores del mundo influyan sobre nosotros, pero en el fondo sabemos que así es.

Ayúdanos a tener un nuevo concepto acerca del valor de ser tu hijo. Guíanos en la búsqueda de la riqueza del reino... posesiones espirituales que nunca pasarán. Queremos ser ejemplos y testigos para Ti. Pero más que todo... queremos hacer más lugar para Ti en nuestros corazones.

En el nombre de Jesús,

¡AMEN y AMEN!

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